«Por su trayectoria en la archivística, el patrimonio documental y la memoria democrática, y por su contribución a la modernización y proyección internacional del modelo archivístico catalán. Por su papel en la defensa de los archivos como garantes de los derechos y la memoria colectiva, y por su implicación en iniciativas como Archiveros sin Fronteras. Recoge el sr. Ramon Alberch.
Noemi Navarro, Comunicació AsF – Así anunciaban la entrega del Premio Creu de Sant Jordi 2026 que recibió la semana pasada. Para los profesionales de la archivística de Cataluña y, concretamente, para los miembros de Archiveros sin Fronteras, fue todo un orgullo por todo lo que significa y representa. ¿Cómo se sintió usted cuando supo que recibiría esa distinción y el día de la entrega?
Ramon Alberch – Cuando la Consejera de Cultura, la Honorable Sònia Hernández me llamó para comunicarme la concesión de la Cruz de Sant Jordi me produjo una emoción inmensa. Como catalán es un gran gozo ser premiado con un galardón de tanta importancia. Y más allá del reconocimiento personal, me hizo una especial ilusión pensar que es también un reconocimiento al trabajo de todo el colectivo de archiveros catalanes. En cuanto al acto de entrega, me emocionó poder compartirlo con mi mujer, los hermanos y los hijos, en compañía también de buenos amigos. Fue un acto elegante, sobrio y solemne y todavía ahora ver las imágenes me hace sentir un profundo agradecimiento por esta distinción.
N – No es el primer premio importante que ha recibido en los últimos años. En 2022 recibió al Fellow del Consejo Internacional de Archivos, la máxima distinción que puede otorgar esta organización. Por tanto, un premio nacional y uno internacional por lo que ha aportado a la archivística, desde aquí, desde Cataluña, al mundo. Un caso de éxito que nos demuestra y nos enseña cómo y desde dónde se debe trabajar y qué camino se debe seguir.
Pero, cuando empezó, ¿cuál era la situación de la archivística catalana? Y, previamente a esto, ¿cómo fue que decidió dedicarse profesionalmente?
R- Yo llego a los archivos por el camino de la historia. Realizo los estudios universitarios durante los últimos años de la dictadura (1970-1975) y en ese momento vemos la historia como una herramienta para recuperar el pasado y fortalecer la identidad, la cultura y la lengua catalana. Es cuando voy al Archivo Municipal de Girona para investigar para mi tesis de licenciatura que constato el potencial de los archivos, la necesidad de su organización y su utilidad para la recuperación de la historia del país. A partir de ese momento ya tengo claro que mi vocación es trabajar en un archivo hasta que en noviembre de 1978 gano la plaza de archivero municipal de mi ciudad.
Así me encuentro que apenas hay archivos en condiciones y con un profesional al frente, salvo las instituciones eclesiásticas, el Archivo de la Corona de Aragón y los archivos departamentales de la zona del Rosellón francés, con los que tengo al principio una estrecha relación profesional. En poco tiempo entro en contacto con compañeros de otras villas catalanas y constatamos que es necesario asociarnos para iniciar un enderezamiento. Hay pocos archivos, y los que están están infradotados, con profesionales que se esfuerzan por aprender una disciplina de la que no hay estudios y poca bibliografía. Está todo por hacer -por aquellos años se inicia el despliegue de los archivos comarcales- y nos abocamos a trabajar con un empuje y una ilusión extraordinaria. Y un primer hito primordial es la creación de la Asociación de Archiveros de Cataluña (1985).
N- ¿Qué experiencia paralela tenía sobre la archivística internacional y qué necesidad concreta le impulsó a fundar Archiveros sin Fronteras?
R- Desde el principio los archiveros que nos reunimos para trabajar de manera coordinada tenemos muy claro que debemos aprender de los mejores y estos referentes son en ese momento, en su mayoría, extranjeros. Sin embargo, a nivel de estado es importante la creación de la Mesa de Archivos Municipales que permite establecer un marco de confianza y colaboración con archiveros de todo el Estado. Pero, sobre todo, a nivel internacional de entrada nos reflejamos en la archivística francesa -la más avanzada en aquellos años- y la experiencia de Quebec. Y pronto entramos en el Consejo Internacional de Archivos y empezamos a colaborar en varios comités y secciones. Años a venir, con la archivística catalana más consolidada y con un bagaje remarcable, es cuando aparece la sensibilidad de proyectar los principios de solidaridad y cooperación a nivel internacional en el ámbito de los derechos humanos y cuando procede en 1998 la creación de Archiveros sin Fronteras.
N- ¿Cómo fue el proceso de creación?
R- Archiveros sin Fronteras, en tanto que organización no gubernamental, tiene sus raíces en los proyectos de cooperación que iniciamos en el Ayuntamiento de Barcelona desde la Dirección de los archivos y Barcelona Solidaria y que se ejemplifica inicialmente en sendos proyectos de organización de los archivos en Malabo, Campinas, Montevideo y Bogotá. Por aquellos años todavía resuena la caída de las dictaduras en el cono sur americano, del sur de Europa y, sobre todo, la caída del muro de Berlín y el derrumbe del imperio soviético y la guerra de los Balcanes. La dimisión de Pasqual Maragall al frente de la Alcaldía de Barcelona fuerza un cambio de visión. Hasta el momento el Ayuntamiento de Barcelona se había manifestado como un municipio solidario -prueba la asunción de Sarajevo como Distrito 11 de Barcelona- y con una gran vocación de proyectar su modelo, incluido el archivístico, en todo el mundo. Es ejemplar el apoyo activo en Sarajevo y en otras villas de Bosnia, en todos los frentes, especialmente en la formación de sus archiveros para asumir el reto de recuperar y organizar un patrimonio documental que había sufrido notables pérdidas durante la larga y cruenta guerra (1991-2001). A nivel internacional, era un referente el estudio que había coordinado el archivero Antonio González Quintana en su trabajo sobre los archivos de la seguridad del Estado en los desaparecidos regímenes represivos.
Congreso Río de Janeiro, 2002. Fotografía cedida por Ramon Alberch
Todo esto y una cierta inacción en este ámbito del Consejo Internacional de Archivos nos anima a dar un paso adelante y liderar un movimiento que con el tiempo ha demostrado su carácter estructural: la relación inseparable entre un archivos organizados, protegidos y accesibles y la defensa de los derechos humanos. Señalar que aunque AsF se crea en 1998 la reacción del Consejo Internacional de Archivos en este ámbito es muy lenta: después de múltiples presiones acceden a crear un Grupo de Trabajo sobre archivos y derechos humanos en el Congreso de Ciudad del Cabo (2003) y no es hasta el Congreso de Adelaida (2019) que finalmente se consolida como Sección .
N- Sin embargo, ahora son diversas las secciones de AsF en todo el mundo y reconocidas por el ICA. Y todo a partir del empuje catalán en los archivos y derechos humanos. De hecho, uno de los tantos motivos por los que le han otorgado merecidamente la Cruz de Sant Jordi es precisamente eso, haber fundado AsF en Barcelona, en Cataluña, un hito importantísimo en la historia de la archivística. Además, y también desde AsF, se han llevado a cabo proyectos de los y por los Casals Catalans en países como Cuba, Argentina, Paraguay o Francia.
¿Podría explicar en qué contexto se crean los Casals Catalans, la importancia de la labor de AsF en los mismos y cuál es su situación actual?
R- Los casales y centros catalanes situados en todo el mundo son la representación viva de Cataluña. De los más de ciento veinte que constan en el Registro de la Generalidad, los hay muy antiguos como la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña en La Habana (1840), el Casal de Cataluña de Buenos Aires (1886), el Centro Catalán de Rosario (1902), el Centro Catalán de París (1903), así como otros en Xi y Xi y Xi y X y en Xai y Xi y Xi y X. Más allá del magnífico trabajo que está haciendo Archiveros sin Fronteras ayudando a la organización de los archivos de algunas de estas comunidades, es urgente llevar a cabo una acción institucional colaborativa para salvar un patrimonio documental que mantiene la memoria catalana en numerosos países y cuya importancia no es siempre entendida por los dirigentes de las comunidades catalanas. Actualmente, la Generalitat ha elaborado un estudio que ha permitido una diagnosis de la situación y, en consecuencia, planificar acciones de organización, protección y difusión de este legado documental.
N- Sobre este trabajo colaborativo del patrimonio documental de los Casals Catalans hablaremos en breve también desde este mismo blog. Sin embargo, subiéndolo con lo que decías, que no se acaba de entender del todo la importancia de los archivos, tampoco la sociedad en general es suficientemente consciente del valor democrático que tienen, del papel que tiene la archivística en relación a los derechos humanos o el papel que juegan en situaciones de conflicto.
¿Podría dirigirse a ella y explicar esa importancia?
R- Es necesario que los ciudadanos entiendan, como bien decís, la estrecha relación entre los archivos y los derechos humanos. En casos de transiciones políticas de dictaduras a regímenes democráticos y de superación de conflictos armados los principios de verdad, justicia, memoria, reparación y garantías de no repetición que son defendidos por la Organización de las Naciones Unidas sólo se pueden lograr si se consigue organizar los documentos y hacerlos accesibles para que puedan ser utilizados en los hechos. de compensación (sean económicas o morales) a las víctimas y recuperar la memoria de un pasado reciente que debe convertirse en una herramienta para no volver a repetir hechos de este tipo. En definitiva, archivos y documentos como defensa de los derechos e instrumento de seguridad jurídica.
N- Antes explicaba que AsF nacía en el período de la Guerra de los Balcanes (1991-2001). La propia asociación llevó a cabo labores de voluntariado en Sarajevo y Banja Luka. Veinticinco años después, la última fase del genocidio israelí contra el pueblo palestino o los conflictos bélicos iniciados por Estados Unidos en Irán, por ejemplo, siguen dejando imágenes desoladoras. Ante estos crímenes de lesa humanidad y de esta vulneración de los derechos humanos sin que ningún organismo internacional (tampoco la ONU…) parece que sea capaz de hacer nada,
¿Qué rol deberíamos tener los profesionales de los archivos, representados, de algún modo, por el ICA, y asociaciones como AsF dentro de este contexto?
R- Uno de los problemas de la capacidad de generar una respuesta consensuada ante las situaciones de guerra antes mencionadas y denunciar sus abusos y también la destrucción intencionada de los archivos es la falta de unanimidad con cómo debe llevarse a cabo. Las entidades vinculadas a la UNESCO, como el ICA, son muy prudentes, a veces demasiado, al no interferir en las decisiones de los estados, ya que creen que podría ser conceptuado como un posicionamiento político partidista. En cambio, las organizaciones no gubernamentales, como es el caso de AsF, son más contundentes al denunciar estas situaciones ya menudo emiten comunicados dirigidos a llamar la atención de la comunidad internacional. Otra cosa es que en estas guerras se dilucidan asuntos geoestratégicos y los documentos, e incluso las vidas humanas, a veces tienes la sensación de que son “daños colaterales”.
N- Desde su experiencia, ¿nos podrías aconsejar sobre prioridades y pasos a seguir?
R- Una primera cuestión es sumar esfuerzos y generar mecanismos de coordinación y colaboración. AsF ya lo hace en la medida en que mediante AsF Internacional emite directrices y recomendaciones que son seguidas por sus quince organizaciones territoriales ubicadas en Europa, África e Iberoamérica. Pero existen otras entidades de distinto signo, como Memoria Abierta de Argentina, el National Security Archive de la Universidad George Washington, ADABI de México o Witness con los que habría que crear alguna plataforma conjunta que permita una mayor visibilidad y sobre todo aumentar el potencial comunicativo y de influencia. En segundo lugar, es necesario trabajar más conjuntamente con el ICA para aumentar la sensibilización de los archiveros de todo el mundo sobre esta problemática.
N- Estoy totalmente de acuerdo. Podemos notar su experiencia en sus consejos, y es que como todo el mundo sabe, o ha ido viendo en lo que llevamos de entrevista, su trayectoria es excelente. Desde este punto de vista, ¿nos podría explicar cómo ha evolucionado su visión de la archivística desde sus inicios hasta ahora?
R- En sus inicios la visión de los archivos era tributaria de una percepción exclusivamente histórica entendidos como un instrumento de identidad y memoria. Y esto era lógico dado que en el caso catalán salíamos de una dictadura y los anhelos de democracia se vinculaban inseparablemente a la recuperación de la lengua, la cultura y la historia que nos había sido secuestrada durante cuarenta años. Sin embargo, a partir de los años ochenta crece también el interés por el tratamiento de los archivos administrativos entendidos como parte del ciclo de vida de los documentos y se produce un notable impulso de la gestión de documentos. Esta evolución ha reforzado los componentes metodológicos y ha consagrado a la archivística como ciencia .
N- ¿Cómo definiría el estado de la archivística catalana actual y cuáles son los grandes retos de la disciplina, tanto a nivel nacional como internacional, teniendo en cuenta que el mundo está cada vez más digitalizado?

Presentación del libro, Fem Archivo, Construim Ciutat. 2025. Fotografía cedida por Ramon Alberch
R- Muchos son los retos a los que debemos enfrentarnos ntar y si hiciera una lista sería inacabable. Para plantearlo en términos sintéticos diría que la archivística actualmente está conectada a la ejecución de las agendas políticas más renovadoras (transparencia, acceso a la información, recuperación de la memoria, explotación de los datos, utilización intensa de las tecnologías) de modo que como ciencia es dinámica y en continua transformación. Y esto se refleja en la necesidad periódica de actualizar los programas de estudios universitarios. A su vez, hay dos retos a considerar como prioritarios: en primer término cómo asegurar la perdurabilidad a largo plazo de ingentes volúmenes de información crecientemente generada en soporte digital con los costes y la experiencia que ello supone. Y también cómo garantizaremos que lo que conservamos no es sólo la historia institucional y que somos capaces de reunir fondos privados y comunitarios que debe permitir alcanzar un patrimonio documental que sea reflejo y espejo de la sociedad.
A un nivel más conceptual, entiendo necesario iniciar un debate sobre cómo debemos entender y proyectar la profesión. La dedicación casi monopolística a la gestión documental – de lo contrario muy necesaria – ha ido dejando en una segunda línea la parte que podríamos denominar histórico-cultural, es decir, la dinamización cultural con toda la tipología de actividades, los servicios educativos, etc. Asumo y en momentos determinados me ha tocado también hacerlo, que nos abocamos a la gestión documental que nos hace útiles y visibles en el interior de las organizaciones. Pero también debemos trabajar la difusión en la medida en que proyecta una determinada imagen en la sociedad. No podemos quejarnos de que los ciudadanos no saben qué hacemos si no hacemos marketing archivístico. El ADN de los archivos es una síntesis de ambas funciones y es necesario debatir cómo reflejarlo en el trabajo y también en la formación.
N- Ya lo hemos comentado alguna vez, pero quisiera remarcar esto último para reiterar también por ahí la concordancia de opinión: hay que reivindicar más la archivística, como voz y disciplina, para hacer entender a la sociedad lo que somos y hacemos (también como gestores de documentos) y, por tanto, para reivindicar la profesión en sí misma.
Dicho esto, ¿qué les diría a los dirigentes políticos, sabiendo cómo son quienes acaban tomando las decisiones finales sobre los recursos que se aportan a los archivos de nuestra casa y que, por tanto, son quienes marcan el estado y la situación de los archivos y de la archivística del país y de sus profesionales del país?
R- Les diría que Invertir en archivos es apostar por la eficiencia, la eficacia, la productividad y la seguridad jurídica. Y, sobre todo, es invertir en futuro. No es posible una administración ágil y transparente sin archivos bien organizados, con los recursos humanos y tecnológicos adecuados y unas infraestructuras sostenibles. Pero sobre todo, y esta reflexión va dirigida al colectivo profesional, es necesario reivindicar un posicionamiento central en los organigramas y las estructuras jerárquicas de las organizaciones y, especialmente, ser buenos comunicadores y hacer pedagogía de nuestra labor y de los beneficios que conlleva a la organización ya la sociedad .
N- Y al revés, ¿qué les diría a los archiveros y archiveras que están al frente de todo en la actualidad?
R- Reiteraría que debemos ser buenos comunicadores, hacer marketing y emitir mensajes positivos y alineados a las necesidades de la organización. También que ante el alud de innovaciones y “novedades” que aparecen continuamente, debemos ser capaces de distinguir lo esencial de lo accesorio. No podemos tener la pretensión de ser expertos en todo, por lo que debemos saber valorar qué avances tecnológicos y metodológicos encajan mejor con la función social de nuestra organización. Debemos saber liderar grupos interdisciplinarios, en la medida en que nuestra profesión es cada vez más plural en cuanto a funciones y competencias.
N- Aprovechando que estamos entrevistando a un gran maestro, y siguiendo esta línea, ¿qué aconsejarías a alguien que se plantea dedicarse a la archivística?
R- Quien se quiera dedicar a la archivística el primer consejo es que intente formarse profesionalmente, dado que actualmente existe una buena oferta de capacitación, especialmente desde la Escuela Superior de Archivística de la UAB. Pero sobre todo, que tenga una gran pasión por los archivos. Pocas profesiones pueden ofrecer un amplio abanico de posibilidades, desde la gestión documental en toda su multiplicidad de frentes hasta la dinamización y difusión cultural.
N- A lo largo de la entrevista ha ido haciendo referencia a los derechos humanos en relación a los archivos, claro la hacemos desde AsF. También ha comentado, cuando hablaba de sus inicios profesionales como historiador y como archivero, que en ese momento, en los años setenta y ochenta, veis estas disciplinas como «una herramienta para recuperar el pasado y fortalecer la identidad, la cultura y la lengua catalana que los cuarenta años de dictadura había secuestrado». Teniendo en cuenta el contexto actual, en el que la identidad, la cultura y la lengua catalana están peor que entonces, y que los derechos lingüísticos también son derechos humanos, me gustaría hacerle una pregunta o empezar un debate: ¿qué papel deberíamos tener los profesionales de la archivística de los Países Catalanes frente al desprecio y ataques continuos de éstos?
R- En primer lugar corroborar que los derechos lingüísticos, en tanto que parte esencial de la identidad de un pueblo, son ciertamente derechos humanos a respetar y defender. Dicho esto, creo que, en general, la profesión mantiene una gran lealtad hacia nuestra lengua. Otra cosa es qué papel podemos desempeñar para ser activos en su defensa más allá de nuestro posicionamiento personal. Veo varias posibilidades: una, que está exitoso, es que todas las herramientas metodológicas y tecnológicas que utilizamos -y así lo está haciendo nuestro colectivo- sean en lengua catalana. En segundo lugar, aprovechar las inmensas posibilidades que ofrecen los documentos para su utilización como recursos pedagógicos. A nivel especialmente de alumnos de primaria y secundaria, la utilización de toda la tipología de documentos textuales, gráficos y en imágenes para la docencia en las ciencias sociales debería formar parte de nuestras prioridades. Hay varios archivos -sobre todo municipales- que tienen unos proyectos de difusión a nivel escolar y ciudadano ejemplar y que les ha permitido alcanzar espléndidos resultados. Más allá de las charlas sociales, que no nos van a favor en lo lingüístico, tenemos un campo muy fértil de trabajo donde, desde los inicios en la escuela, la lengua sea un instrumento de asunción de la identidad catalana.
N- Sé que serán muchas, pero ¿nos podría compartir alguna experiencia de AsF que le haya marcado personalmente?
R- Una experiencia que me golpeó profundamente fue en Sarajevo en octubre del año 2002 con motivo de una estancia de formación dirigida a los archiveros bosnios. Un rato de ocio aproveché para visitar un barrio, cuyas casas habían sido totalmente derribadas por los bombardeos servis. Había gente sentada sobre los escombros en actitud pensativa, con la mirada perdida. Al preguntar qué hacían allí, la persona que me acompañaba me explicó que venían a menudo para ver si encontraban a algún conocido que hubiera vivido allí antes de la guerra y que pudiera dar testimonio de que aquellos escombros en otro tiempo era su casa. La destrucción planificada de los archivos municipales, parroquiales, propiedad, etc. por parte de los servicios había dejado a mucha gente sin documentos identificativos personales o de la propiedad. En el fondo les habían arrebatado todo. Era gente sin memoria escrita y sin hogar. Y en esos momentos un caso como éste te refuerza la importancia que tiene preservar los documentos de las destrucciones intencionadas que pretenden perpetuar el memoricidio y la impunidad de los agresores.
N- Si tuviera que resumir su trayectoria o trabajo en una idea, ¿cuál sería?
R- Trabajar en los archivos me ha concitado una gran pasión por “construir”, es decir, participar en el despertar y progreso de mi país desde la perspectiva archivística, contribuyendo a salvar el patrimonio y ayudando a crear infraestructuras que garantizaran su preservación y acceso. Lo entiendo como una tarea patriótica que va más allá del puro desempeño de un trabajo por el que se te retribuye económicamente. Me gustaría que las nuevas generaciones de archiveros puedan valorar el trabajo realizado desde la llegada de la democracia cuando los archivos no eran considerados y éramos una profesión carente de trayectoria y prestigio. Y que ha sido necesario “picar mucha piedra”, no siempre en condiciones favorables, para alcanzar una profesión normalizada.
N- Desde aquí os doy las gracias por todo el trabajo realizado y por ser unos referentes a los que hemos venido detrás. Y ahora, que podéis mirar atrás, ¿qué es lo que más le enorgullece de dicha trayectoria y qué le gustaría que recordaran de su labor?
R- Me gustaría que se recordara que he dedicado toda mi vida a tomar retos muy ilusionantes tanto a nivel institucional –el impulso del Archivo de Girona, de Barcelona, la dirección de los archivos de la Generalitat- como de carácter asociativo –la participación en la creación de la Asociación de Archiveros de Cataluña, de AsF- y de la creación de UAB. En todos los casos mi manía ha sido contribuir a dotar al país de las infraestructuras archivísticas, educativas y asociativas que pusieran de manifiesto la importancia de la profesión. Y hacerlo creando buenos equipos de trabajo, con gente preparada y comprometida. También mi trabajo docente por más de cuarenta años en toda Iberoamérica, donde he podido aunar dos de mis pasiones: los archivos y los viajes.
N- Por último, un mensaje para la comunidad archivística y para cualquier ciudadano que nos lea: ¿por qué es importante que todo el mundo pudiera colaborar o participar de alguna manera en Archiveros sin Fronteras?
Fotografía cedida por Ramon Alberch
R- Como ya he puesto de manifiesto a lo largo de la entrevista, los archivos son mucho más que unos espacios de custodia de documentos. Y entre sus funciones, la defensa de los derechos humanos es seguramente la que más beneficios aporta, en todos los sentidos, a la sociedad. Colaborar y apoyar a AsF es visualizar la voluntad de aportar nuestro granito de arena en la construcción de un mundo más justo y solidario.

Noemí Navarro Espada
Vocal de comunicación

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