Pepita Raventós, jefe de servicio de Archivo y Gestión Documental de la Universidad de Lleida reflexiona sobre el acto celebrado durante la Semana Internacional de los Archivos y organizado conjuntamente por la Universidad de Lleida, el Archivo Nacional de Cataluña y Archiveros sin Fronteras.
La conversación «Memoria conectada», celebrada el 10 de junio de 2026 en el Archivo Nacional de Cataluña y organizada conjuntamente por Archiveros Sin Fronteras, el Archivo Nacional de Cataluña y el Archivo y Gestión de Documentos de la Universidad de Lleida, ofreció una reflexión especialmente oportuna sobre el valor de los archivos en contextos de conflicto, vulnerabilidad y reconocimiento.
Carlos Serrano, director de programas de ALIPH, hizo hincapié en la protección del patrimonio documental ante las guerras, las catástrofes y la destrucción deliberada. Sin entrar en el análisis detallado de cada caso, la conversación hizo presente la situación de diversas zonas de conflicto donde los archivos y otras instituciones de memoria sufren daños irreparables. Su intervención nos recordó que proteger los archivos no es cuestión exclusivamente técnica: significa preservar derechos, identidades y pruebas esenciales para las comunidades.
Silvia Marimon, periodista especializada en memoria histórica, aportó una mirada complementaria y, a la vez, crítica: los documentos no adquieren plenamente sentido si no son interrogados, contextualizados y explicados. Conservarlos es imprescindible, pero también lo es visibilizar las historias que contienen, especialmente las que han quedado silenciadas o arrinconadas por los relatos dominantes.
El diálogo entre ambas perspectivas evidenció que protección y difusión no son objetivos separados. Los archivos deben sobrevivir, pero también deben hablar. Sólo así pueden convertirse en espacios activos de justicia, conocimiento y responsabilidad colectiva.
Esta responsabilidad interpela tanto a las instituciones como a los profesionales: no basta con custodiar los documentos, sino que es necesario garantizar su acceso, comprensión y transmisión a las generaciones futuras. En un momento en que la desinformación, el olvido y la destrucción amenazan las memorias colectivas, los archivos se convierten en una infraestructura democrática imprescindible.

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